Las cinco rutas de financiamiento para PYMES: no toda empresa necesita un crédito bancario

Josué Rodríguez Salas

Josué Rodríguez Salas

CEO de Sirú | Soluciones de inclusión financiera, bienestar financiero y desarrollo de PYMES para Centroamérica

14 de julio de 2026

Por Josué Rodríguez Salas CEO de Sirú Financiero

Cuando una PYME dice que necesita financiamiento, casi siempre la conversación se interpreta como una solicitud de crédito. Sin embargo, esa lectura puede ser incompleta. No toda necesidad financiera debe resolverse con deuda bancaria y no toda empresa que solicita un crédito está necesariamente en condiciones de asumirlo de forma sana.

Esta distinción es particularmente importante por el peso económico de las MIPYMES. Según IFC, representan más del 90% de las empresas en el mundo y generan, en promedio, alrededor del 70% del empleo y el 50% del PIB mundial. Al mismo tiempo, las MIPYMES formales de 119 mercados emergentes y economías en desarrollo enfrentan una brecha de financiamiento estimada en US$5,7 billones, cifra que asciende a aproximadamente US$8 billones al incorporar empresas informales (International Finance Corporation [IFC], 2025; World Bank Group, 2026).

Sin embargo, el problema no debería reducirse únicamente a que “falta crédito”. Una brecha de financiamiento también puede coexistir con empresas poco preparadas, información financiera insuficiente, problemas de flujo, garantías limitadas, deuda mal estructurada o instrumentos que no corresponden con la etapa real del negocio.

En Costa Rica, el Informe GEM 2024/2025 refleja esta tensión. La suficiencia de financiamiento para emprendedores recibió una calificación de 3,25 sobre 10, mientras que la facilidad para obtener financiamiento alcanzó apenas 3,30 sobre 10. Además, entre las personas que discontinuaron un negocio, el 36,6% señaló que este no era rentable y el 19,2% indicó problemas para obtener financiamiento como causa de salida (Cámara de Industrias de Costa Rica et al., 2025).

Entre las personas que discontinuaron un negocio, el 36,6% señaló que este no era rentable y el 19,2% indicó problemas para obtener financiamiento como causa de salida.

Estos datos sugieren que la conversación sobre inclusión financiera no debería concentrarse únicamente en cuánto crédito colocar. También debería preguntarse qué tipo de financiamiento necesita realmente la empresa, si está preparada para recibirlo y cuál es la ruta más adecuada según su flujo, riesgo, activos, madurez y capacidad de pago.

Por eso, considero que una entidad financiera que trabaja con PYMES debería evolucionar de una lógica binaria —aprobar o rechazar— hacia una lógica de clasificación por rutas.

En Sirú agrupamos esta conversación en cinco caminos posibles.


Ruta 1. La PYME está lista para banca

La primera ruta corresponde a empresas que ya cuentan con condiciones razonables para presentar una solicitud de financiamiento. Tienen ventas demostrables, flujo de caja comprensible, información financiera suficiente, capacidad de pago, un historial crediticio razonable y claridad sobre el destino de los recursos.

Esto no significa que sean empresas perfectas. Significa que son suficientemente legibles para que una entidad financiera pueda comprender cómo funciona el negocio, de dónde provienen sus ingresos, qué riesgos enfrenta y cómo espera atender la obligación.

Una empresa preparada no llega únicamente diciendo cuánto dinero quiere. Puede explicar cuánto necesita, para qué lo utilizará, qué impacto espera generar en ventas, productividad o margen y de qué forma el flujo futuro permitirá pagar el financiamiento.

Para la entidad financiera, esta ruta representa una oportunidad de originar cartera con mejor información y menor fricción comercial. Pero también abre una oportunidad de vinculación mucho más amplia. Una empresa lista para banca puede necesitar crédito, pero también cuentas empresariales, POS, pasarelas de pago, tarjetas corporativas, seguros, planilla, pagos a proveedores, factoring, leasing o soluciones de tesorería.

La verdadera oportunidad no está solamente en colocar un préstamo. Está en desarrollar un cliente financiero integral.


Ruta 2. La PYME es financiable, pero necesita corregir brechas

Probablemente esta sea una de las rutas más frecuentes.

Son empresas que tienen ventas, clientes, experiencia y una oportunidad real de crecimiento, pero todavía presentan dificultades para demostrar su capacidad financiera. Pueden vender bien y no tener flujo de caja ordenado. Pueden tener clientes recurrentes, pero no documentarlos adecuadamente. Pueden tener capacidad de pago, pero no saber demostrarla. O pueden identificar una oportunidad de inversión sin tener claro cuánto necesitan ni cómo esa inversión se convertirá en mayor capacidad de generación de caja.

En estos casos, el rechazo inmediato puede hacer que una entidad financiera pierda una empresa con potencial. Pero aprobar sin preparación también puede aumentar el riesgo.

La respuesta correcta está en el medio: corregir brechas.

Esto puede significar separar las finanzas personales de las empresariales, reconstruir el flujo de caja, revisar costos y márgenes, ordenar documentos, mejorar formalización, analizar el historial crediticio, construir proyecciones o desarrollar un verdadero plan de inversión.

Esta discusión es especialmente relevante en un contexto de mayor exigencia financiera. La OCDE reporta que, aunque la mediana de nuevos préstamos PYME creció 5,7% en 2024, el crédito seguía 4% por debajo del nivel de 2022. Además, la proporción mediana de PYMES a las que se exigió garantía para acceder a financiamiento alcanzó el 53% en 2024, cinco puntos porcentuales más que el año anterior (Organisation for Economic Co-operation and Development [OECD], 2026).

Esto refuerza una idea clave: una PYME con potencial, pero con información incompleta, garantías limitadas o poca trazabilidad, enfrenta hoy una conversación crediticia más exigente.

Por eso, los programas de desarrollo empresarial especializados en inclusión financiera pueden cumplir una función concreta: transformar empresas con potencial, pero poco preparadas, en prospectos mejor organizados y más fáciles de evaluar.

No se trata de maquillar expedientes para lograr una aprobación. Se trata de mejorar de verdad la empresa.


Ruta 3. La PYME necesita reestructurar o refinanciar antes de asumir más deuda

Hay empresas que solicitan un nuevo crédito cuando, en realidad, lo que necesitan es ordenar las obligaciones que ya tienen.

Esto ocurre cuando una PYME financia capital de trabajo con tarjetas personales, usa deuda de corto plazo para activos de largo plazo, acumula proveedores vencidos o mantiene múltiples obligaciones cuyas cuotas consumen una parte creciente de su flujo.

En estos casos, agregar nueva deuda puede aumentar la vulnerabilidad financiera en lugar de resolverla.

La pregunta ya no debería ser cuánto más puede endeudarse la empresa, sino cómo reorganizar sus pasivos para recuperar capacidad de operación.

Esto puede implicar consolidar deudas, extender plazos, sustituir financiamiento caro, renegociar condiciones, priorizar pasivos o rediseñar el ciclo de caja.

Esta tercera ruta es particularmente importante para la gestión de cartera vulnerable. La inclusión financiera no debería utilizarse únicamente para captar nuevos clientes; también puede servir para identificar empresas que todavía son viables, pero empiezan a mostrar señales de deterioro.

La mora rara vez aparece de un día para otro. Muchas veces se manifiesta antes mediante atrasos con proveedores, uso creciente de sobregiros o tarjetas, deterioro del flujo, pérdida de margen, concentración de ventas o necesidad recurrente de deuda para cubrir operación.

Un programa de desarrollo empresarial puede ayudar a detectar estas señales y trabajar sobre ellas antes de que la única conversación posible sea la cobranza.

Desde una perspectiva de sostenibilidad, esta ruta también es fundamental. Inclusión financiera no debería ser sinónimo de colocar deuda a cualquier costo. Una mala colocación puede profundizar el sobreendeudamiento y afectar no solo a la empresa, sino también a empleos, proveedores y familias vinculadas a su actividad.

Financiar responsablemente también significa saber cuándo no colocar más deuda.


Ruta 4. La PYME necesita una alternativa al crédito bancario tradicional

No toda empresa que no calza con un préstamo bancario tradicional carece de opciones.

Una PYME con cuentas por cobrar sólidas puede necesitar factoring. Una empresa que requiere maquinaria puede encontrar mejor calce en un leasing. Un negocio con un ciclo de inventario claro puede utilizar financiamiento de proveedores. Una empresa más pequeña puede encontrar una mejor solución en una cooperativa, microfinanciera o fintech.

Esta diversidad de instrumentos es cada vez más relevante. La OCDE monitorea el financiamiento PYME no solo mediante crédito bancario, sino también mediante instrumentos como leasing, factoring, equity y otras formas de financiamiento basadas en activos, precisamente porque las necesidades de las PYMES son heterogéneas (OECD, 2026).

Además, la digitalización está ampliando la capacidad de entender empresas que históricamente han tenido poca información financiera tradicional. IFC señala que el uso de datos alternativos, analítica y herramientas digitales puede mejorar la evaluación crediticia de las MIPYMES, especialmente cuando existen limitaciones en historial, garantías o estados financieros convencionales (IFC, 2025).

Una empresa que cobra mediante POS o pasarela genera trazabilidad. Una PYME que utiliza una cuenta empresarial para sus operaciones separa mejor sus finanzas. Una empresa que paga proveedores y planilla por canales digitales genera información sobre su actividad. Una tarjeta empresarial puede ayudar a separar gastos operativos de los consumos personales de la persona fundadora.

La digitalización convierte actividad cotidiana en evidencia.

Y esa evidencia puede ayudar a que una empresa sea mejor comprendida y evaluada.

El Global Findex 2025 también muestra la magnitud de esta transformación: el 79% de las personas adultas en el mundo ya posee una cuenta financiera y, en las economías de ingresos bajos y medios, el 84% tiene acceso a un teléfono móvil. Aunque estos datos se refieren a personas y no directamente a empresas, reflejan una infraestructura digital que está modificando la forma de ahorrar, cobrar, pagar, recibir ingresos y acceder a servicios financieros (World Bank, 2025).

Por eso, esta cuarta ruta no debería verse como una opción secundaria para empresas rechazadas. Puede ser el camino correcto para construir historial, generar datos, mejorar operación y prepararse para una relación financiera más sofisticada.


Ruta 5. La PYME necesita capital, no deuda

Esta es probablemente una de las rutas más difíciles de explicar porque con frecuencia utilizamos las palabras financiamiento y crédito como si fueran sinónimos.

Pero no lo son.

Hay empresas que no deberían asumir deuda porque su flujo todavía no permite sostener cuotas. Esto puede ocurrir en negocios que están validando mercado, desarrollando un producto, entrando en una expansión agresiva o ejecutando inversiones cuyo retorno llegará varios años después.

En estos casos, la deuda puede presionar demasiado pronto a una empresa que todavía necesita tiempo para madurar.

La ruta puede ser capital familiar, nuevos socios, capital semilla, inversionistas, capital de riesgo, instrumentos híbridos o alianzas estratégicas.

La OCDE reconoce que el capital de riesgo cumple un papel importante en el crecimiento de start-ups y PYMES innovadoras, particularmente aquellas con mayor potencial para generar productividad, empleo y nuevas soluciones, aunque claramente este instrumento no es adecuado para todas las empresas (OECD, 2026).

Pero recibir capital también exige preparación. Cuando entra un socio deben existir reglas sobre propiedad, toma de decisiones, distribución de utilidades, salida de accionistas, valoración y gobierno de la empresa.

Sin estas reglas, una inyección de capital puede convertirse rápidamente en un conflicto.

Por eso, esta quinta ruta no es únicamente financiera. También es una ruta de gobernanza.

Y en algunos casos la recomendación más responsable puede ser todavía más incómoda: antes de buscar deuda o capital, la empresa debe mejorar su modelo de negocio o resolver problemas de rentabilidad.

No todo negocio necesita más dinero.

Algunos necesitan primero mejores decisiones.


De aprobar o rechazar a clasificar por rutas

Creo que una entidad financiera que trabaja con PYMES tiene una oportunidad importante si evoluciona de la lógica binaria de aprobación o rechazo hacia una lógica de clasificación.

La pregunta deja de ser solamente:

“¿Esta empresa califica hoy?”

Y pasa a ser:

¿En cuál de las cinco rutas se encuentra esta PYME y qué necesita para avanzar?

Una empresa puede estar lista para banca. Puede ser financiable con algunas correcciones. Puede necesitar reestructura o refinanciamiento. Puede requerir instrumentos alternativos y mayor trazabilidad transaccional. O puede necesitar capital y gobernanza antes que deuda.

Esta clasificación genera valor para todas las partes.

Para el área comercial, permite construir mejores prospectos y aumentar la posibilidad de vinculación futura.

Para riesgo y cartera, permite identificar vulnerabilidades antes de que se conviertan en deterioro.

Para sostenibilidad, permite demostrar que la inclusión financiera no consiste simplemente en colocar productos, sino en mejorar acceso, resiliencia y calidad de las decisiones financieras.

Y para la PYME representa algo todavía más valioso: recibir una respuesta más útil que un simple sí o no.


El rol de los programas de desarrollo empresarial especializados en inclusión financiera

En Sirú trabajamos programas de desarrollo empresarial especializados en inclusión financiera para PYMES. Nuestro enfoque no consiste en llevar una cohorte de empresas directamente a pedir crédito, sino en diagnosticar, preparar y clasificar cada negocio según su situación real.

Esto implica analizar flujo de caja, estructura de costos, nivel de endeudamiento, comportamiento crediticio, documentos, formalización, gobernanza, uso de productos financieros y plan de inversión. A partir de esta información, la empresa puede ser orientada hacia la ruta más adecuada.

Algunas estarán listas para presentar una solicitud. Otras necesitarán corregir brechas. Algunas requerirán ordenar sus deudas. Otras deberán explorar factoring, leasing, cooperativas, fintech u otras alternativas. Y algunas necesitarán capital o fortalecer su modelo antes de endeudarse.

Esta lógica permite que un programa PYME deje de ser una capacitación genérica y se convierta en una herramienta de desarrollo de cartera.

Además, permite medir algo mucho más relevante que la asistencia a talleres: cuántas empresas fueron diagnosticadas, cuántas corrigieron brechas, cuántas mejoraron su flujo, cuántas empezaron a utilizar productos transaccionales, cuántas quedaron listas para banca, cuántas reestructuraron adecuadamente sus pasivos y cuántas evitaron asumir una deuda que no podían sostener.

Eso también es inclusión financiera.


Conclusión

Las PYMES representan más del 90% de las empresas del mundo y alrededor del 70% del empleo, pero todavía enfrentan una brecha de financiamiento formal estimada en US$5,7 billones en mercados emergentes y economías en desarrollo. La magnitud del problema exige más financiamiento, pero también mejores mecanismos para conectar las necesidades reales de las empresas con los instrumentos adecuados (IFC, 2025; World Bank Group, 2026).

No toda PYME necesita un crédito bancario. Algunas están listas para recibirlo y crecer. Otras tienen potencial, pero necesitan corregir brechas. Algunas requieren reorganizar sus obligaciones. Otras necesitan factoring, leasing u otros mecanismos alternativos. Y algunas deben fortalecer capital, gobernanza o modelo de negocio antes de endeudarse.

La inclusión financiera responsable empieza cuando dejamos de tratar a todas las empresas como si tuvieran la misma necesidad.

Financiar bien no significa abrir una sola puerta.

Significa construir rutas.

Para bancos, cooperativas y entidades financieras, esta mirada permite desarrollar mejores clientes, proteger cartera y construir relaciones más profundas. Para las PYMES, permite encontrar soluciones que correspondan con su etapa, flujo y capacidad.

Y para quienes trabajamos en desarrollo empresarial plantea una responsabilidad muy concreta: no llevar empresas a pedir dinero por pedirlo, sino prepararlas para tomar una mejor decisión financiera.

Porque el verdadero éxito no es que todas las PYMES reciban crédito.

Es que cada una encuentre la ruta financiera que le permita crecer sin romperse en el intento.


Referencias

Cámara de Industrias de Costa Rica, Universidad de Costa Rica, & Sistema de Banca para el Desarrollo. (2025). Informe Nacional: El emprendimiento en Costa Rica 2024/2025.

International Finance Corporation. (2025). MSME banking in the digital era. IFC.

International Finance Corporation. (2025). MSME finance. World Bank Group.

Organisation for Economic Co-operation and Development. (2026). Financing SMEs and entrepreneurs 2026: An OECD scoreboard. OECD Publishing.

World Bank. (2025). The Global Findex Database 2025: Connectivity and financial inclusion in the digital economy. World Bank.

World Bank Group. (2026). SMEs finance. World Bank Group.

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