Josué Rodríguez Salas
CEO de Sirú | Soluciones de inclusión financiera, bienestar financiero y desarrollo de PYMES para Centroamérica
11 de marzo de 2026
Nunca pensamos que en diciembre de 2019 nos confinaríamos por dos años. Hoy debemos reconocer que la adopción de la IA generativa será igualmente repentina y profunda. Estudios recientes muestran que en 24 meses ya veremos transformaciones laborales profundas (p. ej. se espera que en 2027 la IA razone “como un ser humano”). En paralelo, Costa Rica podría sentirse especialmente impactada. Las zonas francas –que explican el 15% del PIB nacional y dan empleo a 265.000 personas– están dominadas por empresas tecnológicas susceptibles de automatizarse.
Un ejemplo reciente: el Gobierno autorizó a Amazon reducir su planilla de 16.450 a 8.225 empleados, citando justamente la acelerada automatización y nuevos modelos de trabajo. Esto ilustra cómo cambios globales ya han empezado a filtrarse aquí: muchos puestos de alto volumen, como servicio al cliente, hoy representan menos de una cuarta parte de esas planillas locales.
“No es solo que los empleos se transformen… muchos se van a desvanecer. Y lo harán en meses, no décadas. El ritmo de adopción de la IA es más rápido que el de la electricidad, el internet o los smartphones.”
Aún no queremos sonar fatalistas, sino urgentes. Varios estudios señalan que Costa Rica ocupa el primer lugar en Latinoamérica en exposición laboral a la IA. El Banco Mundial advierte que hasta un 38% del empleo costarricense tiene “alguna forma” de exposición a la IA, un porcentaje superior al promedio regional.
Otra investigación nacional estima que el 19,2% de los empleos “podrían ser potenciados” con IA –lo que en la práctica indica qué tanto de su trabajo puede automatizarse o mejorarse–. Ese 19,2% equivale casi a un quinto de los puestos de trabajo, concentrado en especial en empleos de alta calificación: el 53% de los empleos mejor pagados podrían verse afectados positiva o negativamente por la IA.
¿Por qué debería preocuparnos? Porque estos empleos de mayores ingresos sostienen el consumo de lujo del país: son los profesionales que compran autos caros, viven en condominios de Escazú, cenan en Barrio Escalante y vacacionan en hoteles de ensueño. Si la IA desplaza o redefine su rol –como indica el nuevo índice económico de Anthropic, que muestra uso masivo de IA en tareas de programadores, científicos de datos y oficios similares–, será un golpe severo a la economía local.
Pensemos en cifras: las zonas francas generan impuestos, empleos y cotizaciones a la CCSS. Si, digamos, la mitad de esos 265.000 empleos desapareciera por automatización, no solo habría desempleo masivo; también colapsarían ingresos del Estado en renta, del seguro social y hasta reactivación interna. La reducción de Amazon es un botón de muestra: 8.000 puestos potencialmente perdidos afectan gastos fiscales y consumo interno de inmediato.
Y ojo: esto no ocurrirá “dentro de 20 años”. Al contrario, la evidencia sugiere que vendrá más rápido que la adopción del automóvil, el teléfono o el internet. La analista Jaime Figueres advierte que en solo 24 meses veremos una IA capaz de razonar “mejor o igual que un humano”. Dicho de otro modo: en dos años podríamos estar ante otro COVID económico global en términos de reconfiguración laboral.
“Reentrenar talento no será suficiente. Necesitamos fortalecer la política pública de emprendimiento: incubar rápido, invertir con impacto, y permitir que las personas creen nuevas soluciones con lo que ya saben hacer.”
Con todo esto, no queremos ser alarmistas, sino proactivos. Más que lamentar la pérdida de empleos, debemos preparar a nuestra gente desde ya. Claro que capacitación técnica (reskilling) es imprescindible, pero es solo parte del plan. Ni el sector público ni las empresas pueden depender únicamente de “reentrenar” trabajadores: no habrá tantos empleos tradicionales para todos. Por eso urge fortalecer la política pública de emprendimiento. Debemos pasar de encadenamientos productivos tradicionales hacia nuevos emprendimientos nacionales que puedan absorber el talento desplazado. Muchos profesionales despedidos podrían fundar sus propios proyectos de base tecnológica o de servicios, utilizando métodos ágiles. A la par, es importante integrar a esos talentos en las PYMES existentes: lleva la cultura digital y mejores prácticas globales a empresas de base tradicional, para que sean más competitivas.
Sin embargo, sabemos que las habilidades para triunfar en corporaciones (planificación, jerarquía, estabilidad) a veces chocan con las necesarias para emprender (tolerancia al riesgo, iniciativa contínua pese al fracaso). Por eso la estrategia de Sirú está enfocada en acompañar esta transición: orientamos a las personas despedidas para que aprovechen sus liquidaciones de modo inteligente (ni todo consumo ni todo ahorro tradicional), incubamos pequeñas empresas con metodología Lean, y asistimos a PYMES costarricenses para elevar sus estándares globales de calidad. La idea es dar un marco que facilite que la “marea” de talento desplazado no se estanque, sino que se convierta en olas de nuevos proyectos.
En resumen: la revolución de la IA en el trabajo es inminente y rápida. No se trata de demonizar la tecnología, sino de reconocer este desafío como un tema prioritario en la agenda pública. Los datos ya hablan claro: regiones enteras de Costa Rica (banca, finanzas, zonas francas) están en primera fila para el impacto. Nuestro mejor camino es reforzar redes de seguridad (según expertos, hasta un ingreso básico universal podría ser necesario) y, sobre todo, empoderar a la gente con herramientas reales para prosperar.
Como tomadores de decisiones, tenemos la responsabilidad de actuar hoy. Este no es un problema del mañana, sino del próximo año. Desde Sirú Financiero reafirmamos nuestro compromiso: aportaremos análisis, capacitación y acompañamiento para que el talento costarricense navegue esta transición. Con visión y anticipación, podemos convertir lo que sería un riesgo drástico en una oportunidad de desarrollo sostenible.
Referencias:
Estudios recientes de Anthropic muestran cómo la IA se está integrando ahora mismo a tareas de perfil medio-alto.
El Banco Mundial y la OIT estiman que hasta un 38% de los empleos latinoamericanos (y de CR) están expuestos a la IA, mientras que investigaciones locales confirman que casi el 20% de nuestros empleos podrían ser “potenciados” (o afectados) por estas tecnologías.
A nivel interno, nuestro régimen de zonas francas aporta el 15% del PIB y ya sufre ajustes de empleo (p.ej. Amazon CR redujo su plantilla en ~8.000 plazas).
Todos estos hallazgos señalan una misma conclusión: el cambio vendrá pronto y en serio. La buena noticia es que aún hay tiempo para prepararnos. Sigamos trabajando juntos para encaminar estas tendencias hacia el bienestar colectivo.


